El desapego como camino a la liberación

El desapego es un estado mental donde uno deja de identificarse con los objetos y deja de tratar a las personas como objetos.
 
Es la falta de interés en lo falso, lo irreal, el no ser.  Si se llega a comprender que nada en el mundo en forma de riqueza, honores, forma, etc., nos va a dar la felicidad plena, esta comprensión nos da libertad. Somos seres espirituales, y por tanto, no materiales. Nada material nos pertenece y no lo podemos llevar a nuestro reino desde donde venimos. Creer que la vida se sustenta en lo material es caer en una ilusión que nos apega a lo que no somos y nos puede alejar mucho de la consciencia cósmica. El iniciado debe internalizar que es un ser espiritual, dotado temporalmente de una personalidad para actuar en el mundo.

El candidato a una ceremonia de iniciación en nuestras Escuelas de la O.T.O. llega despojado de metales y valores.

Clara y expresamente el Maestro de Ceremonias nos invita a despojarnos de los metales, como una de las exigencias previas a cualquier paso subsecuente de nuestra Iniciación, al indicarnos: DEBES DESPOJARTE DE TODO LO QUE BRILLA CON REFLEJO ILUSORIO.

Esta invitación, debe ser sopesada en nuestra más íntima consciencia para analizar su significado y ver las consecuencias que ello implica en toda nuestra vida, puesto que el paso que vamos a dar posteriormente, nos exige un cambio radical y debemos desprendernos, en consecuencia, de todo lo ilusorio, para así poder entrar en el Templo con la máxima pureza posible.

Los metales representan todo aquello con que suele revestirse  nuestra personalidad. Antiguamente, los alquimistas trataban de convertir el plomo en oro, es decir, transformar todo lo negativo y bajo, simbolizado por el plomo, en algo positivo y sublime, el oro, que también simboliza la sabiduría.

Sin embargo, la sentencia que se nos da es imperativa: "Debes despojarte de todo lo que brilla con reflejo engañoso". Esta orden, así como cuando efectuamos el proceso de alineación para entrar a una reunión con ritual, nos lleva a adentrarnos en nosotros mismos, hacer un acto de consciencia sobre los contenidos de nuestras emociones y pensamientos, dejándolos de lado; pero aún más, no sólo dejarlos de lado en ese momento, sino que debemos efectuar ese cambio radical en nuestra vida, alcanzando y vivenciando la pureza de nuestro espíritu, sólo así podremos alcanzar la resurrección hermética: un aspecto renovador y regenerador, apareciendo una nueva vida en nuestra ya existente vida.

La muerte mística (In Iesu moriemur, reviviscimus per Spiritum Sanctum) de los rosacruces, está simbolizada por el abandono de los metales, en donde predomina todavía la parte inferior, alegórica a la personalidad terrenal, para, con ese acto, alcanzar la exaltación espiritual.

Aquí radica entonces la importancia del trabajo de observación de sí, puesto que como estudiantes rosacruces debemos saber cuáles son los metales de los que debemos despojarnos, sobre todo aquellos que son ilusorios, pero incluso también de aquellos que, no siendo ilusorios, representan en nuestras vidas sólo objetivos temporales que no nos sirven en el estado de esencialidad de nuestro espíritu.

El candidato debe ser libre y despojado de los metales: cualidades inferiores, vicios y pasiones de su intelecto, de sus creencias y prejuicios; debe aprender a pensar por si mismo y no seguir, como ciego, el conocimiento y creencias de otros.

A las pocas semanas se hace evidente en un grupo de iniciación real cuando hay hermanos o hermanas que se han despojado solamente de manera simbólica de lo ilusorio. Así se puede predecir quienes se quedarán para algún día ingresar a la verdadera Orden, lo que se produce en el Tercer Grado.

El Cuarto de Reflexiones


Cuando el candidato ingresa al Cuarto de Reflexiones, recibe esta frase de quien lo acompaña: “Debes hacer testamento, renunciando a tu vida pasada y disponiéndote a una nueva vida.”

Es evidente que no es un llamado a abandonar responsabilidades, ni familia, ni trabajo. Es una invocación a lo que hemos señalado en los párrafos anteriores.

Y al retirarlo de allí, agrega: “Has muerto a tu vida pasada. Esta cámara representa la tumba bajo tierra. Tu testamento es todo lo que sobrevive del hombre (mujer) que existe.”

Este Cuarto de Reflexiones equivale al atanor de los alquimistas, el recipiente donde se hacían las mezclas de sustancias para, mediante el calor, producir las transformaciones deseadas. El Recipiendario experimenta aquí la transmutación mediante la meditación y la sincera disposición a iniciar un verdadero acercamiento espiritual en su vida. El candidato muere primero para “resucitar” y ser merecedor de comenzar el sendero de iniciación.
 



Es evidente que quien persista con sus vanidades, no llegará a comprender lo que es nuestra Escuela ni alcanzará una elevación espiritual. En este camino, lo más fácil es permanecer en la ilusión.

Si eres un buscador sincero encontrarás, en el tiempo debido, sugerencias para lograr este desapego de lo ilusorio, este cambio definitivo del apego a lo mortal para apegarse a lo inmortal.



Serval
G.M. de la Fraternitas Rosicruciana Antiqua
Febrero 2009

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