El Dodecaedro

Geometría Sagrada

Elemento éter

La iniciación al mundo del éter es la resurrección, la ascensión, la autorrealización y la inspiración. El espíritu humano se une con el espíritu universal. El iniciado reconoce el núcleo del amor en todas las cosas y mira desde la unidad. Reconoce la conciencia eterna en todas las cosas. 


Para el no iniciado existe la luz y la sombra. Oscila entre los mundos.

La forma del dodecaedro sirve para abrirse a la conciencia de unidad, a otras dimensiones y niveles. Abre el cuerpo espiritual y ayuda a construir y activar el cuerpo luminoso. Representa la consciencia crística y el retículo sagrado, que une todo en paz y amor. Nos une con la naturaleza superior del ser y del amor por todas las formas de vida. Nos predispone y prepara para servir a la humanidad y a colaborar en el plan de la Creación, para recuperar su plenitud original. Nos ayuda a aceptar la misión de hacer que nuestra luz brille en este mundo y de vivir el amor que somos.

El dodecaedro establece la unión divina entre todos los seres humanos, los seres de luz y maestros, los seres naturales, y ayuda a realizar la labor por el bien supremo de la totalidad. Lo divino vive en ti y en mí. Lo reconocemos y colaboramos unidos en el gran plan.

Invocación con el dodecaedro

(Serval)

Soy una chispa divina. 
La llama de mi ser espiritual luce y brilla en mi interior.
Veo fluir pensamientos, y sé que no soy estos pensamientos.
Veo fluir sentimientos, y sé que no soy estos sentimientos.
Veo fluir percepciones, y sé que no soy estas percepciones.
¿Qué soy?
Soy una chispa divina, soy el que soy eterno.
Hago fluir pensamientos, sentimientos y percepciones
Desde lo que soy.
Abro mi ser al infinito y a las jerarquías espirituales.
Fluyen a través de mi su amor y sus preceptos.
Soy una chispa divina.
La llama de mi ser espiritual luce y brilla en mi interior.
Soy el que soy eterno.

1 comentarios:

Joel Cornejo dijo...

Gracias por este escrito y meditación.

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