Las reflexiones a largo plazo deberían hacerse en invierno

Desde la década del 70 venimos enseñando a nuestros estudiantes que hay actividades y acciones que son más favorables de realizar según la estación del año en que nos encontremos. He señalado qué trabajos personales, para el crecimiento personal, conviene realizar en invierno.


Hace pocos días se ha publicado este artículo donde se señala que “nuevos” estudios muestran que el invierno es propicio para las resoluciones de largo plazo. Hay investigaciones científicas actuales que ratifican lo enseñado desde hace años atrás.

http://www.iniciados.org

Nuevos estudios muestran una faceta distinta de esta época del año que, por sus condiciones climáticas, propicia una serie de factores cerebrales, biológicos y sicológicos, esenciales para generar el tipo de pensamiento que se necesita en las resoluciones de largo plazo.
por Marcelo Córdova

Todos los días nos enfrentamos a dilemas como tomar bebida normal o light, salir a almorzar o resignarse al casino de la empresa, comprar un mp3 de última generación o seguir usando el mismo de siempre... es decir, decisiones cotidianas sin mayor trascendencia y muy fáciles de abordar. Pero de tanto en tanto, el escenario se complica y llega la hora de tomar una determinación que puede generar un giro bastante más radical en la vida. Decisiones de envergadura, con consecuencias que se dejan sentir por años o incluso décadas y que requieren de una reflexión cuidadosa.

Bueno, lo que ahora sabemos es que para esas decisiones lo mejor es el invierno.
Hasta ahora, el nexo entre los días fríos y lluviosos y su capacidad de potenciar un tipo de pensamiento más reflexivo, más allá de la tradicional nostalgia, había permanecido  poco estudiado. Pero nuevos estudios están mostrando una faceta distinta del invierno, una época que por sus condiciones climáticas propicia una serie de factores cerebrales, biológicos y sicológicos.

De hecho, las investigaciones más recientes dan cuenta de que la acción en el cerebro de neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, mezclados con la mayor cantidad y calidad de sueño que dan los días grises (ver recuadro) y el análisis más metódico que genera la falta de luz del ciclo invernal, son vitales para tomar decisiones trascendentes.


LA LLUVIA ESTIMULA EL ANÁLISIS

Uno de los cambios más relevantes que se produce en invierno es en el estado de ánimo generado por la menor cantidad de horas de luz. Estudios de la Universidad de Helsinki (Finlandia) han mostrado que una fase diurna más corta lleva a una menor producción de vitamina D, la misma que el resto del año ayuda a mantener niveles altos de serotonina, neurotransmisor clave en la regulación del humor y los niveles de energía.

¿El resultado? Un estado emocional más reposado y analítico. En ese sentido, una nueva investigación de la U. de Nueva Gales del Sur (Australia) hizo una de las primeras constataciones de cómo esta actitud más calma enfoca la atención de las personas hacia las condiciones que las rodean y las guían hacia un estilo de pensamiento más cuidadoso y atento al detalle, permitiéndoles evaluar decisiones más complejas.

Los estudios australianos tienen como precedente análisis los realizados por Max H. Bazerman, experto en negociaciones de la U. de Harvard y quien definió varios pasos básicos para tomar decisiones de largo aliento. Estos se resumen en diagnosticar la situación, identificar las alternativas a elegir -donde es vital la crítica y autocrítica- definir las metas que se busca alcanzar y, por último, evaluar la decisión tomada.

Por todo eso, dicen los expertos, un ánimo tranquilo se adecua más al análisis a largo plazo. Algo que contrasta con la efervescencia primaveral y veraniega, donde las emociones están más a flor de piel y la visión de la persona se vuelve más cortoplacista e impulsiva.

Esta diferencia se grafica claramente en un experimento realizado en Sydney por el sicólogo social Joe Forgas, quien colocó soldados de juguete y animales de plástico cerca de la caja registradora de una tienda. A medida que los clientes salían del local en días lluviosos o soleados, se les preguntó cuántos objetos recordaban (el experto acentuó el efecto del clima haciendo que en la tienda se tocara el Réquiem de Verdi en los días grises y una banda sonora alegre en los luminosos). El resultado fue elocuente: los compradores con ánimo invernal  recordaron cuatro veces más objetos.

Según dijo Forgas al diario Financial Times, la explicación radica en que un ánimo más reposado hace que las personas presten más atención a la nueva información que los rodea y la analicen con mayor detalle. Después de todo, un estado de mayor quietud por el invierno propicia que un individuo se plantee más preguntas sobre su vida y sea más asertivo al estudiar todas las variables posibles, mientras que cuando está feliz -dice el sicólogo social- todo anda bien, nada lo preocupa y no se plantean preguntas del estilo "¿debo adoptar un hijo o no?".

MECANISMOS DISTINTOS

Al estimular un método de pensamiento más centrado en el largo plazo, también es más probable que las personas tomen decisiones más positivas sobre su salud. Y así lo mostró un sondeo de la U. Estatal de Kansas (EE.UU.), que reveló cómo la gente que desarrolla visión de futuro tiene una mayor capacidad de darse cuenta de los riesgos del tabaco o el colesterol.
Tras este efecto operan varios mecanismos cerebrales que los investigadores han identificado como claves para tomar decisiones. Un ejemplo es el trabajo del Instituto Nacional del Envejecimiento de EE.UU., que individualizó dos sistemas paralelos que funcionan en una determinación.

Mediante resonancia magnética, se reveló que quienes optan por recompensas inmediatas e impulsivas muestran mayor actividad en el sistema límbico, zona asociada con decisiones netamente emotivas. En contraste, las áreas analíticas, como la corteza prefrontal y parietal, se vuelven más activas cuando los individuos optan por recompensas a largo plazo y que representan mayores consecuencias, un resultado que sustenta lo visto en los estudios australianos.

Si se trata de ejemplos sobre cómo un día frío genera una sensación de mayor reflexión, éstos se dan incluso en escenarios como la elección de una universidad. Cuando un alumno secundario de excelencia visita una casa de estudios en un día frío y lluvioso hay un 9% más de probabilidades que opte por esa universidad. ¿La razón? Según Uri Simonsohn, sicólogo de la U. de Pensylvania (EE.UU.) y autor del informe, los días grises inducen en los alumnos una sensación de actividades académicas más serias y metódicas.

"En general, se acepta que un ánimo más triste hace que la gente piense en forma más sistemática. Eso no lleva necesariamente a tomar mejores o peores decisiones, sino que a determinaciones diferentes entre sí. En algunos casos, es mejor tomar decisiones intuitivas, como ser creativo y espontáneo, en un día soleado, pues el buen ánimo puede ayudar. Pero en otras ocasiones es mejor ser más reflexivo, y estar de un ánimo más bajo permite resolver problemas metódicos", indica el experto a La Tercera.

EL FACTOR DOPAMINA

En este escenario climático, los expertos han determinado elementos biológicos que influyen en una toma de decisiones más sosegada en jornadas invernales y más impulsivas en verano. Basta mencionar lo descubierto por David Hirshleifer, profesor de finanzas de la U. de California, quien halló que en los días con sol los inversionistas se sienten más felices y dispuestos a arriesgar sin pensarlo tanto, por lo que es tres veces más probable que aumente el número de transacciones.

Tras este fenómeno actúa un elemento poderoso, como la dopamina, neurotransmisor cuya actividad es vital para que el cerebro reconozca experiencias que le son agradables y haga que estos eventos sean procesados una y otra vez, casi como una obsesión. Por eso, se le considera clave en conductas como las apuestas compulsivas y la adicción a la cocaína, donde una sensación del placer se apodera por completo del cerebro.

Incluso, se ha visto que su rol es clave en la actividad del sistema límbico que, como estableció el Instituto Nacional del Envejecimiento de EE.UU., tiene un rol importante en la búsqueda de recompensas inmediatas. Hace dos años, un estudio publicado por la U. de California en San Diego, exploró esta dinámica y descubrió que en el cerebro opera un grupo de células que fabrica mayor cantidad de dopamina cuando la luz golpea el fondo del ojo. Por eso, cuando decae la luz en los meses invernales, la dopamina baja y el letargo vuelve a las personas más introspectivas.

Paul J. Zak, fundador del Centro de Estudios Neuroeconómicos de la U. Claremont y quien ha analizado cómo tomar mejores decisiones, manifestó a La Tercera que concuerda con la idea de que el optimismo de los días con más sol hace que éstos no sean ideales para tomar decisiones que involucran riesgo, como las inversiones. "Los días asoleados, más luminosos, son mejores para determinar acciones de bajo impacto, como qué cerro escalar el fin de semana".

El frío buen dormir

Los cambios de horario que se experimentan en invierno implican mayores horas de sueño, una fase para lo cual los días grises y lluviosos generan una condición ideal: temperaturas más bajas. Un factor no menor, tal como lo determinó una encuesta del Consejo del Buen Dormir de Canadá, donde 37% de los consultados dijo que la temperatura de su pieza interrumpía su sueño y que el nivel ideal es de sólo 16° C.

Al darse un ambiente menos cálido, se potencian beneficios como los hallados por neurólogos del Hospital General de Massachusetts, cuyos estudios han mostrado que durante el sueño el cerebro entra en una fase de pensamiento inconsciente que involucra un intenso análisis de datos que dn la vigilia parecen irrelevantes y, además, se produce un refuerzo de la memoria para resolver problemas de mejor forma.

"Cuando hay que tomar una decisión importante, el primer paso debería ser reunir toda la información necesaria. Después, debes decidir y en el caso de las elecciones simples estás se hacen mejor con un pensamiento consciente, mientras que las complejas hay que dejarlas para el inconsciente, es decir, 'dormir' sobre ellas", explicó el investigador a la BBC.

0 comentarios:

Publicar un comentario

¡Tu comentario es muy importante!