La lira de Orfeo

Orfeo es uno de los héroes griegos más conocidos, músico, poeta, filósofo, amante y protagonista de diferentes historias que han pasado de boca en boca desde los Días Antiguos hasta la actualidad, a través de los siglos y los siglos.

Desde el siglo VI adC en adelante fue considerado como uno de los principales poetas y músicos de la antigüedad, el inventor de la cítara y añade dos cuerdas a la lira.Tenía siete y la lira de Orfeo nueve, en honor a las nueve musas. Y con su música era capaz no sólo de calmar a las bestias salvajes, sino incluso mover árboles y rocas y detener a los ríos en su curso. Como músico célebre va con los Argonautas en busca del vellocino de oro. Se le supone como uno de los pioneros de la civilización, habiendo enseñado a la humanidad los artes de la medicina, escritura y agricultura. En su aspecto más conectado con la vida religiosa fue un augur y un profeta. Practicó las artes de la magia, en especial la astrología; Fundó o hizo accesibles muchos cultos importantes, como los de Apolo y Dionisos; instituyó ritos místicos, tanto públicos como privados; prescribió rituales iniciatorios y de purificación. Se dice que visitó Egipto y que allí se familiarizó con los escritos de Moisés, y con la doctrina de una vida futura.

Aunque hay quien le da la paternidad a Eagro, rey de Tracia, muchos otros coinciden en que era hijo del mismo Apolo, fruto de una de sus aventuras con la musa Calíope. Esto explicaría sus tendencias artísticas desde la infancia, y su asociación Arpista, imagen de Mhuir con el sol, símbolo de su padre. También se cuenta que fue éste quien le regaló su primera lira,  instrumento musical de siete cuerdas a las que Orfeo añadió dos más para que fueran nueve, como las musas.

El efecto de la lira bien templada

Cuentan que cuando Orfeo tocaba no sólo los hombres, animales y dioses se quedaban embelesados escuchándole, sino que incluso la Madre Naturaleza  detenía su fluir para disfrutar de sus notas, y que así, los ríos, plantas y hasta las rocas escuchaban a Orfeo y sentían la música en su interior, animando su esencia. Más de una vez este mágico don le ayudó en sus viajes, como cuando acompañó a los Argonautas y su canto pudo liberarles de las Sirenas, o pudo dormir al dragón guardián del vellocino de oro. Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión...

Además de músico y poeta, Orfeo fue un viajero ansioso por conocer, por aprender... estuvo en Egipto y aprendió de sus sacerdotes los cultos a Isis y Osiris, y se empapó de distintas creencias y tradiciones. Fue un sabio de su tiempo.

Con tantas cualidades, no era de extrañar que las mujeres le admiraran y que tuviera no pocas pretendientes. Eran muchas las que soñaban con yacer junto a él y ser despertadas con una dulce melodía de su lira al amanecer. Muchas que querían compartir su sabiduría, su curiosidad, su vitalidad. (1)

El mito de Eurídice

Pero sólo una de ellas llamó la atención de nuestro héroe, y no fue otra que Eurídice, quien seguramente no era tan atrevida como otras y puede que tampoco tan hermosa... pero el amor es así, caprichoso e inesperado, y desde que la vio, la imagen de su tierna sonrisa, de su mirada brillante y transparente, se repetían en la mente de Orfeo, que no dudó en casarse con ella. Zeus, reconociendo el valor que había demostrado en muchas de sus aventuras, le otorgó la mano de su ninfa, y vivieron juntos muy felices, disfrutando de un amor que se dice que fue único, tierno y apasionado como ninguno.

Pero no hay felicidad eterna, pues si la hubiera, acabaríamos olvidando la tristeza, y la  felicidad perdería su sentido. Y también en esta ocasión sobrevino la tragedia.

Quiso el destino que el pastor Aristeo quedara también prendado de Eurídice, y que un día en que ésta paseaba por sus campos, el pastor olvidara todo respeto atacándola para hacerla suya. Nuestra ninfa corrió para escaparse, con tan mala fortuna que en la carrera una serpiente venenosa mordió su pie, inoculándole el veneno y haciendo que cayera muerta sobre la hierba.

En las orillas del río Estrimón Orfeo se lamentaba amargamente por la pérdida de Eurídice. Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes y cantó tan lastimeramente, que todas las ninfas y dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo (catábasis). Camino de las profundidades del inframundo, tuvo que sortear muchos peligros, para los cuales usó su música, ablandó el corazón de los demonios, e hizo llorar a los tormentos (por primera y única vez). Llegado el momento, con su música ablandó también el corazón de Hades y Perséfone, los cuales permitieron a Eurídice retornar con él a la tierra; pero sólo bajo la condición de que debía caminar delante de ella, y que no debía mirar hacia atrás hasta que ambos hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos de sol bañasen a Eurídice.

A pesar de sus ansias, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto, incluso cuando pasaban junto a algún peligro o demonio, no se volvía para asegurarse de que Eurídice estuviera bien. Llegaron finalmente a la superficie y, por la desesperación, Orfeo volvió la cabeza para verla; pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, todavía tenía un pie en el camino al inframundo: Eurídice se desvaneció en el aire, y ahora para siempre. (2)

Esta historia procede del tiempo de Virgilio, que fue el que introdujo el nombre de Aristeo.
El famoso mito de Eurídice, tal como lo conocemos, puede en realidad ser muy posterior al mito de Orfeo. En particular, el nombre Eurudike ("aquella cuya justicia se extiende ampliamente") rememora elementos de culto unidos a Perséfone. El mito puede haber sido tomado erróneamente de otra leyenda de Orfeo en la que viaja al Tártaro y calma a la diosa-serpiente Hécate. Esto fue erróneamente interpretado como la mordedura de serpiente sufrida por Eurídice.

Después de la muerte de Eurídice, Orfeo renegó del amor de las mujeres y tomó únicamente jóvenes efebos como amantes. Se le reconoce haber sido uno de los que introdujo el amor entre varones en los Tracios, enseñándoles a amar a los jóvenes en la flor de su juventud.



La muerte de Orfeo

De acuerdo a un resumen de la antigüedad tardía de la obra perdida de Esquilo Las Basárides, Orfeo al final de su vida desdeñó el culto a todos los dioses excepto al sol, a quien llamó Apolo. Una mañana temprano, ascendió el monte Pangeo (donde había un oráculo de Dioniso) para saludar a su dios al amanecer, pero fue despedazado por las Ménades tracias por no honrar a su anterior patrón, Dioniso. Es significativo que su muerte sea análoga a la muerte de Dioniso, para quien, por lo tanto, ha ejercido la función de sacerdote o avatar.

Ovidio también relata que las Médanes tracias seguidoras de Dioniso, primero arrojaron palos y piedras a Orfeo mientras él tocaba, pero su música era tan hermosa que incluso las rocas y las ramas rehusaron golpearle. Llenas de rabia, las Ménades lo desmembraron durante el frenesí de sus orgías báquicas. Su cabeza y lira flotaron corriente abajo por el río Hebro hasta la orilla de Lesbos, donde los habitantes la enterraron y elevaron un santuario en su honor cerca de Antisa. La lira fue llevada al cielo por las musas, y fue colocada entre las estrellas. Las Musas, también recogieron los fragmentos de su cuerpo, los juntaron y los enterraron bajo el monte Olimpo, donde los ruiseñores cantaron sobre su tumba.

En las pinturas de vasos áticos, sin embargo, las mujeres que atacan a Orfeo parecen ser mujeres tracias normales que están irritadas por que los cantos del bardo han apartado de ellas a sus maridos.


Una vez muerto, la lira de Orfeo fue transformada en constelación y el músico llegó a los Campos Eliseos donde canta para los bienaventurados.

Teología Órfica

La leyenda de Orfeo dio lugar a una forma de pensamiento que fue llamado teología órfica. Se suponía que Orfeo en su regreso al mundo de los vivos, había desvelado la manera de llegar a la tierra de los Bienaventurados, evadiendo los obstáculos con los que se encuentran las almas tras la muerte. Existe una amplia literatura atribuida a Orfeo en la que desvelaría estos secretos. Este pensamiento tuvo numerosos seguidores. El orfismo llegó a ser un modo de vivir, caracterizado por ritos de purificación, utilización de pócimas mágicas y múltiples prohibiciones.

La teología órfica ofrece una explicación de los orígenes de la vida, de los orígenes del hombre y de su destino. El pensamiento griego estuvo muy influenciado por esta teoría, pues respondía a unas necesidades espirituales que las religiones tradicionales no satisfacían.

Notas de Serval

(1) La lira era templada de manera perfecta, es decir, afinada muy cuidadosamente. Así Orfeo podía interpretar cautivantes melodías. El notable efecto se producía en realidad porque el mismo Orfeo estaba en una templanza permanente. Representa el trabajo que hace el verdadero iniciado para moderar sus impulsos y tendencias, para obtener un equilibrio armónico en su personalidad. Esto es un requisito fundamental para que la personalidad  pueda ser el recipiente adecuado que reciba y exprese la realidad espiritual que cada uno es. Al estar la personalidad templada (afinada) se expresa el ser espiritual y el ser humano se vuelve poderoso y atractivo. En nuestra Orden Martinista se enseña a lograrlo verdaderamente, ya que nuestra misión es ayudar a la regeneración del ser humano: “—¿Cuándo será regenerado el Hombre? —Cuando por la meditación, él haya adquirido el conocimiento de la naturaleza de los opuestos y la comprensión de la divina Ley de la Armonía Universal, simbolizada antiguamente por la Lira de Orfeo.”

(2) Para avanzar en el sendero iniciático se requiere mucha confianza y fe. Todos estamos en una cadena jerárquica. Recibimos enseñanzas e indicaciones de quienes han hollado el sendero y es conveniente tener confianza en sus sugerencias y en nuestras capacidades para seguir caminando, aunque a veces la comprensión de lo que estamos haciendo tarde un poco en llegar. Pero si un guía espiritual ha demostrado por muchos años que sus sugerencias son mayoritariamente (al menos) valederas, tenemos una gran probabilidad de que lo que hoy no estamos entiendo, lo comprenderemos más adelante. Por otra parte, hay seres que nos siguen y una vez que les damos las indicaciones para continuar el camino, tenemos que confiar en que lo harán y permitirles equivocarse y vivir sus experiencias. Hay que confiar que, llegado el momento, la luz del conocimiento les llegará plenamente y lograrán una ampliación de consciencia, es decir, un mayor acercamiento a su realidad espiritual. Cada uno tiene su tiempo y tiene que experimentar lo que necesita.

Orfeo había logrado en gran parte tener la serenidad y el temple necesario para confiar que era seguido por Eurídice. Pero nunca hay que confiarse, nunca está todo logrado. El iniciado tiene que hacer una observación constante de sí y trabajar siempre con su equilibrio emocional. Por mucho que haya avanzado, puede caer si no hace este trabajo sobre sí en forma constante. Orfeo, finalmente, se impacienta y descubre que la luz del conocimiento aún no inunda plenamente a Eurídice. Al no permitirle que esté debidamente preparada para pasar a una nueva vida, a una superior consciencia espiritual, la pierde definitivamente. Un guía espiritual verdadero ama a sus discípulos. Pero justamente por eso, debe saber esperar todo el tiempo necesario hasta que ellos estén lo suficientemente preparados para seguir el camino.


Escuchar y ver una Lira con música de la época

2 comentarios:

Tom Sawyer dijo...

¡EL ARTE DE ENVEJECER!

Por definición, en su primera acepción, Arte: "VIRTUD, disposición y habilidad para hacer alguna cosa".
Por desgracia para nosotros los humanos...no todos somos ¡Virtuosos!, condición que se obtiene por herencia innata, o también...con esfuerzo. Esta última, la más meritoria, puesto que lleva inmanente una voluntad inquebrantable para lograr el objetivo deseado.
Ser viejo per se, no es una virtud...si no hemos logrado alcanzar el propósito de nuestra existencia; de ahí que se es viejo en vano...la más de las veces.
En un mundo, donde el "esfuerzo"sólo está encausado al bienestar físico, nos olvidamos de luchar por encontrar nuestra verdadera identidad...¡Ser o "No-Ser"!...He ahí el dilema.
En el Ser, nuestra naturaleza física-animal, las calamidades nos agobian. Más en el "No-Ser"...nuestra parte divina espiritual, la física-animal pasa a ser sólo un ¡Instrumento! a nuestro propósito SUPREMO...¡EVOLUCIÓN!...a imagen y semejanza del Universo, puesto que el Hombre es, un microcosmos del macrocosmos.
Alcanzar el propósito supremo, es la mayor ¡Virtud! que el Hombre debe anhelar, obteniendo por añadidura...el vigor de la juventud...la placidez de la vejez...templanza y sabiduría. Además...el poder de decidir el momento de su ¡Vuelo Supremo!...alcanzada la libertad y la belleza de su ¡ALMA!, migra a su ¡Origen! en un vuelo sin retorno..."Bajo agni, la luz del día, en luna creciente, cuando el Sol viaja al Norte por seis meses...quienes en ese entonces "mueren", alcanzan el ¡ABSOLUTO!, si en el se sacian".
Ese es el destino trascendental del ¡HOMBRE!...privilegio de muy pocos.
Tom Sawyer
lcwattson@hotmail.com

Anónimo dijo...

Muchas Gracias...
Por su pagina.. Y por el conocimiento recibido... Dios los Guarde...
SALUDOS....

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